AMLO y su equipo han mostrado poca experiencia en la tarea de gobernar

AMLO ha sostenido que la migración de los centroamericanos se detendrá cuando haya condiciones de vida que no los obliguen a salir de sus países. Suena bien y teóricamente el enunciado es casi indiscutible, pero es muy poco realista y no ataca la emergencia y crisis actual del proceso en esa región. Por si fuera poco, para lograr ese desarrollo se requiere de recursos de los que México ni ninguno de los países involucrados dispone.

Se propone entonces, convencer a Estados Unidos y en particular a Donald Trump de que, en su propio beneficio, aporte esos recursos. Quisiera equivocarme, pero eso es algo que no ocurrirá y pretenderlo resulta, por decirlo suavemente, ingenuo. No veo ningún indicador que mueva a Donald Trump hacia la dirección que el gobierno mexicano pretende y sí muchos en contra.

En las condiciones actuales, el presidente estadounidense invertiría su cada vez menor capital político en la iniciativa mexicana. Su discurso en el tema migratorio, de los pocos que le son aun políticamente rentables, es inconsistente con el objetivo del gobierno mexicano y con destinar miles de millones de dólares a ello. Pretende recursos para construir muros, arenga a sus bases cada que puede en contra de los inmigrantes, reprocha a México no hacer lo suficiente para detener a los migrantes centroamericanos, elimina la escasa ayuda a esos países, y en la práctica obliga a México a convertirse en la sala de espera de solicitantes de asilo.

La “estrategia” mexicana. Primero se lanza y promueve la idea sin ni siquiera haberla consensado con Estados Unidos, después se elaboran planes con mayor precisión sin involucrar a nuestros vecinos del norte, como si la bondad de los programas o el apoyo de organismos internacionales movieran o presionaran al gobierno estadounidense (sobre todo a este); se desarrolla una política para los migrantes en tránsito por México profundamente contradictoria y por si algo faltara, se asumen posiciones explícitamente contrarias a las estadounidenses, como por ejemplo en el tema Venezuela.

Los resultados son evidentes. El Secretario de Relaciones Exteriores mexicano anunció que estará en Estados Unidos a tratar en reuniones de alto nivel la relación entre los dos países, particularmente el tema migratorio y la propuesta de desarrollo centroamericano. A su llegada a Washington impartió una conferencia en la que no condenó de manera clara e inconfundible al gobierno de Nicolás Maduro, como si no supiera que para Estados Unidos cualquier cosa que no sea una condena absoluta contra ese gobierno, es leído en la corte de Trump como un apoyo a Maduro y una afrenta a Estados Unidos.

Claro, sostuvo una reunión solo con funcionarios menores y con el encargado de negocios de la embajada estadounidense en México, que tiene su oficina a unos pasos de la del propio secretario en la ciudad de México, y no había necesidad de desplazarse a Washington para verlo. El único resultado del encuentro es que se cambió la fecha de una reunión operativa acerca de la frontera entre los dos países.